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Una aventura en el mundo de la cocina – Sergio Casado Rodríguez

Estamos muy acostumbrados a leer y oír historias, o ver películas, de personas de éxito, ya sea en el mundo de la cocina o cualquier otra actividad o rama del saber. Hombres y mujeres especialmente intrépidos, inteligentes, valientes… A mí, personalmente, me gustan mucho ese tipo de historias, tanto ver películas como leer biografías. Estas personas nos sirven de inspiración, nos llevan a soñar y nos hacen pensar que nosotros también podremos llegar a ser así, aunque en el fondo sepamos que es casi imposible conseguirlo.

No obstante, muchas veces echo de menos historias menores, más cercanas, historias de personas como nosotros, que han vivido pequeñas experiencias que pueden ser inspiradoras, instructivas o, simplemente, entretenidas. Es por ello que aquí no va a haber grandes personajes, ni siquiera estrellas Michelín. Eso sí, espero, además de entretener y dar mi visión del mundo de la cocina, inducir a las personas que tengan sueños a luchar por conseguirlos, porque toda historia vale la pena, esconde grandes enseñanzas y pequeños grandes momentos que pueden llenarnos de realización y superación.

Ibiza es la tierra que me vio nacer, de la que partí con tan solo 6 años y de la todavía tengo muchos recuerdos, pero con la que desgraciadamente no he podido mantener los vínculos que me gustaría. Allí nacieron mis primeros recuerdos. Siempre en un pequeño restaurante que mi padre alquiló junto a la playa, en San Antonio, El Jamaica, una pizzería en la que trabajaban mis padres, además de algunos de mis tíos. Fue allí donde empecé a sentir el olor a pizzería que tantos recuerdos me evoca. Loja (Granada) es la ciudad de mi madre, donde mi abuelo tenía un bar. Recuerdo a mi abuela llevándome de la mano hasta el bar, donde mi abuelo la esperaba. Mi abuela siempre decía: “Venga, tenemos que ir al bar, tengo que aviarle las tapas al abuelo”. Ese “aviarle las tapas” propio de un español ya en completo desuso y tan representativo de aquella vieja Andalucía de interior. Recuerdo aquella pequeñísima cocina de la que salían tantas y tan deliciosas tapas, especialmente recuerdo las almendras fritas con sal y las alitas de pollo.

Estos dos lugares, que ya quedan muy atrás en el tiempo, me llenaron de nostalgia. La nostalgia propia de esa infancia feliz, única e irrepetible.

Aunque son recuerdos breves y vagos, son inolvidables.

Formato:  pdf Comprimido:  Sí Peso:  11.1 MB Lenguaje:  Español

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